My News
- levanto mis manos
- 31/07/2007
- Esforzados y valientes
- 26/07/2007
- El cielo no es un consuelo cuando le creemos a un Dios vivo que habita aquí en la tierra. Aunque todos los que hemos creído en Cristo lleguemos al cielo, no todos tendremos los mismos galardones ni las mismas bendiciones. ¿Cómo se marca la diferencia? Aquí en la tierra. Sólo tenemos una vida para ganar lo que gozaremos en el cielo. Pero mientras eso llega, debemos ver las cosas que Dios hace aquí en la tierra. La Palabra del Señor, en el Salmo 27:13 dice: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes”. En el cielo ya no vas a necesitar fe, la necesitas aquí; en el cielo toda lágrima será quitada de sus ojos, todo llanto desaparecerá. Pero es aquí donde existe una batalla que tenemos que pelear día a día. Por eso debes aguardar en el Señor y esforzarte. Que esperes en Dios no quiere decir que no te esfuerces, Dios no bendice vagos, ni haraganes, ni negligentes.
Las bendiciones de Dios son para todos, pero no para cualquiera. Los que mueven la mano de Dios son aquellos que hacen las cosas correctamente y en orden. Hay quienes piensan que por ser llamados por Dios, todo les saldrá automáticamente bien, pero eso no es así, eso es como creer que si tienes un diploma de licenciado, inmediatamente ganarás bien. Dios nos ha dado promesa de bendecirnos, como prometió una tierra a Abraham, Isaac y Jacob. Pero aun dando esa promesa, para conquistar esa tierra Dios mismo mandó que se esforzaran y fueran valientes (Josué 1:6). Dios les prometió que nada les haría falta, pero aun así les dijo que debían esforzarse para alcanzar la tierra. Cuando tienes una promesa dada por Dios, además de creerla con todo tu corazón debes también esforzarte.
Recuerdo que una vez llegué a un hospital a orar por una persona que estaba en el intensivo. Cuando empecé a compartirles de la fe en Dios para que fuera sana esa persona, me respondieron contándome de la fe que habían tenido en su vida para ir soportando todas las cosas que les habían sucedido. En ese momento el Espíritu Santo me habló y me dijo: “Aquí hay fe para soportar los problemas, pero no para salir de ellos”. En el Salmo 40:1-2 se lee: “Pacientemente espere a Jehová” y “Y me hizo sacar del pozo de la desesperación”. Hay situaciones en que las personas se sienten dentro de un pozo, y se deben tener fe para resistirlo. Cuando se está allí luchando para poder sobrevivir, y se ve tan lejos la salida que hasta se llega a pensar: “¿Hasta cuando voy a poder salir de aquí?”. Pero no debes dejar de creer, debes tener fe de que Dios te sacará de la prueba. No sólo debes soportar, debes creer también que saldrás.
Si tienes fe para vivir con tus problemas, no pierdas la fe para salir de ellos. Ten mucho cuidado de quedarte con miedo de volver a hacer y tener lo que un día tuviste antes de la prueba. Saca eso de tu mente, porque eso no es lo que Dios quiere que aprendas en medio de esa situación. Dios quiere que mantengas tu fe brillando delante de Él.
Una de las cosas que me he encontrado es que muchas personas se ponen en contra de la voluntad de Dios, y no la disciernen. El Señor me mostró algo muy importante en el libro de Isaías, donde dice: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos” (Isaías 61:1) y después dice: “A ordenar que los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado” (Isaías 61:3). Aquí dice que Dios dará gozo en lugar de luto. Tú te puedes encontrar en una gran aflicción por la muerte de un ser querido y guardar luto por meses, incluso años, pero así le estás diciendo al Señor que esa persona está peor con Él allá en el cielo que aquí.
Yo no digo que no te pongas triste, pero con vestirte de negro y no arreglarte, esa persona no va a resucitar. Pero si tú crees que Jesucristo es la resurrección y la vida, le verás resucitar en la resurrección de los muertos, y si estamos aquí cuando eso ocurra, ellos van a resucitar primero y luego nosotros seremos arrebatados. Pero hay personas que piden a Dios consuelo sin quitarse el luto, mientras que la Biblia dice que cambia el luto en gozo. Esto es una contradicción, porque por un lado le pides a Dios una cosa y con tus actos le dices otra. ¿Alguna vez has visto un problema resolverse con tristeza? ¿La angustia trae fuerzas o se las lleva? ¿Viene la tristeza de Dios? ¡No! Deja la tristeza por un lado y permite que el Espíritu Santo te llene de gozo. La angustia es algo que evita la venida de milagros a tu vida.
Me he dado cuenta que cuando las personas son llenas del Espíritu Santo, les queda una fe muy grande porque la angustia y la tristeza que tenían se va. Nos queda la plena certeza de lo que Dios dijo se va a cumplir. Por esa razón, la Biblia dice que el gozo del Señor es nuestra fortaleza (Nehemías 8:10).
En el primer libro de Samuel, en el capitulo 1, leemos la historia de Ana la mad
- La honra, El buen nombre
- 26/07/2007
- Una mayor riqueza
Las personas reciben honra como resultado de su comportamiento. Cuando llevan una conducta adecuada e íntegra, son encontrados agradables a Dios. Por ejemplo: cuando anteriormente mencioné que me era grato tener a Roberto Melgar en la congregación que pastorea y tener bajo mi cobertura a grupos como Sebna y Azul y Gerbera, estaba honrándolos. También Dios es honrado por todos nosotros cuando le atribuimos todo el honor y la gloria por como es Él.
La honra es la que nos da un buen nombre y buena fama. En Proverbios 21:1 dice: “De más estima es el buen nombre que las riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro”. Todos tenemos un nombre y cada vez que éste se menciona, los que lo escuchan lo asocian a algo. Nuestro nombre recuerda un patrón de conducta que hemos tenido, y aunque el nombre muchas veces sea el mismo al de otros, el concepto y la fama que se tiene de nosotros es diferente.
Podemos ver que en Proverbios 20:11 dice: “Aun el muchacho es reconocido por sus hechos. Si su conducta fuere limpia y recta”. Debemos mantener un patrón de conducta honorable e íntegra porque somos reconocidos por los demás, según nuestras acciones.
Si en algún momento de tu vida echaste a perder tu buen nombre, Dios es capaz de restaurarte y devolverte esa honra que un día perdiste. Todo lo que se diga de ti viene de la conducta que tienes. Es por eso que es mejor tener un buen nombre que muchas riquezas y tener buena fama más que oro y plata.
La honra es una recompensa
La Palabra de Dios dice en Proverbios 20:6: “Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?” y en Proverbios 2: 1-2: “No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día. Alábate el extraño, y no tu propia boca”. Lo que esto quiere decir es que no debemos hablar de nosotros mismos, sino antes bien debemos tener una buena conducta, porque de ella dependerá lo que digan los demás.
La honra es una recompensa y lo dice la Palabra de Dios en Proverbios 3:35 de la siguiente manera: “Los sabios llevarán honra y los necios ignominia”. Lo que nos quiere decir aquí Dios es que el que actúa con sabiduría recibirá honra y los necios recibirán vergüenzas.
Proverbios 22: 4 dice: “Riquezas, honra y vida son la remuneración de la humildad y del temor a Jehová”. Dios recompensa a los humildes y respetuosos dándoles honra.
- La obra de Dios da energía
- 26/07/2007
- Hacer su obra es alimento para nuestra vida
La obra de Dios consiste en recoger la cosecha. Juan 4:32-36 narra que el que recoge la cosecha recibe energía, prosperidad y gozo. Tenemos que tener una manera renovada de pensar y creer la palabra de Dios, pues de lo contrario, muchas veces llegamos a conclusiones erróneas y nos equivocamos. Creemos que durmiendo o quedándonos en casa los domingos obtendremos el descanso que buscamos, pues es común que lo primero que la gente recorta de su tiempo es al Señor. ¿Por qué? Porque no hemos sido renovados en esta escritura, y se nos olvida que Jesús nos enseñó que hacer la voluntad del Padre debería ser nuestro alimento diario. El que cosecha recibe salario y prospera, según el versículo 36. Según el antiguo testamento, deberíamos guardar un día para Dios obligatoriamente, pues así lo dictaminaba la ley, y ahora que vivimos bajo la gracia, no lo hacemos. Si no somos salvos por obras, sino porque Él nos regaló la salvación, con más razón deberíamos consagrarnos. Tenemos tantas cosas y sabemos tantos versículos, que concluimos que los creemos por el hecho de saberlos. Pues si le creyésemos a Dios, de esa palabra nos agarraríamos y en ésa ciegamente confiaríamos, y entonces las cosas ocurrirían. Debemos confiar en su palabra y en que Él saciará todas nuestras necesidades, pues así lo ha prometido. Dios siempre escucha nuestras peticiones, ¿pero quién dice que nos tiene que dar un sí por respuesta siempre? Nosotros mismos hemos dado un “no” a nuestros hijos por su propio bien. Dios es bueno, y cuando veas las noticias, no dude tu corazón de la palabra que has creído, pues esa ha prevalecido por años y no fallará. Mira al pueblo de Dios: ha pasado peores crisis que el pueblo de Guatemala. ¿Los ha dejado Dios?
Hay recompensa para quines trabajan
¿Qué debemos hacer en tiempo de crisis? ¡Segar! Pues Dios da salario al que siega. Asimismo, el que siega recibe nuevas fuerzas. La Biblia nos enseña que no sólo tenemos recompensa en la tierra, sino también en la eternidad. Su palabra dice qué galardones nos esperan en el cielo. La diferencia entre nosotros en el cielo se hace aquí en la tierra. Todos los que estamos en el reino tenemos un arado en la mano. La Biblia dice que llegará el tiempo en que el que siega alcanzará al que siembra, y en Guatemala hemos visto que la gente está deseosa de conocer a Jesús y ser salva. Es el Espíritu Santo el que hace la obra, nosotros sólo tenemos que abrir nuestra boca. No cabe duda que donde abundó el pecado, sobreabunda la gracia, como lo dice su palabra. Proverbios 11:30 dice "El fruto del justo es árbol de vida, y el que gana almas es sabio". Todo aquel que nos rodea debería arrancar de nosotros vida: amor, sanidad, salvación, restauración, etc. No esperes perder el miedo para hacerlo, sino que con todo y miedo habla, pues es la única manera de quitártelo y alcanzar la victoria. Proverbios 24:5 dice que el sabio es fuerte y Eclesiastés 7:19 dice que la sabiduría fortalece al sabio más que diez poderosos que haya en una ciudad. Si tú quieres tener fuerzas, sé sabio; y si quieres sabiduría, entonces debes ganar almas para Cristo.
Él te dará nuevas fuerzas
Dios nos quiere dar fuerzas, pero debemos saber de dónde vienen éstas. Mira Isaías 40:28-31. Dios no se fatiga ni desfallece y Jesús dijo que su Padre hasta ahora trabaja. Hay personas que se fatigan de la obra del Señor e ignoran que compartir su Palabra y hacer discípulos da energía, y cuando las fuerzas faltan, el Señor es fiel y da fuerzas al cansado. No dude tu corazón en correr a tu Padre y pedirle fuerzas, pues Él es quien te alienta y saca adelante. Si tú te has sentido débil y cansado, no dejes pasar este día y corre hacia Dios, quien renovará tus fuerzas como lo ha prometido. "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” Isaías 41:10.
- Mi nueva posición en Cristo
- 26/07/2007
- Según las Escrituras, antes de recibir a Jesús, usted era un hijo de desobediencia e iba a morir eternamente. Pero al haber hecho hoy la oración y creer en Cristo fue adoptado por el Espíritu Santo y fue hecho hijo de Dios. Por lo tanto, usted ahora es un hijo de obediencia.
Él nos dio una nueva vida
Lea despacio Efesios 2:1-10 y verá en estos versículos de la Biblia lo que usted ahora es en Cristo. Estos versículos dicen que Dios nos dio vida y un lugar especial, pues nos hizo sentar en lugares celestiales (o tronos) y nos dio las riquezas de su gracia. Si fuimos acercados a él, debemos caminar con él. Si Dios nos sentó en tronos, ¿por qué bajarnos de allí? ¡Quedémonos junto a él!
Lo que es en Cristo
He aquí una lista de bendiciones que ha recibido ahora que es un creyente. Estúdielas y créalas, porque esto le bendecirá grandemente. Cuando lea el versículo, confiese de forma personal lo que ahora es en Cristo.
1. Soy nueva criatura, 2 Corintios 5:17
2. Soy especial tesoro, Malaquías 3.17
3. Soy templo del Espíritu Santo, 1 Corintios 6:19-20
4. Soy sal de la tierra, Mateo 5:13
5. Soy luz del mundo, Mateo 5:14
6. Soy hechura suya, Efesios 2:10
7. Soy piedra viva que soy edificada, 1 Pedro 2:4-5
8. Soy ministro competente de un nuevo pacto, 2 Corintios 3:6
9. Soy linaje escogido, real sacerdocio, nación santa,
pueblo adquirido por Dios para anunciar las virtudes de Dios,
1 Pedro 2:9
10. Soy hijo de Dios, Romanos 8:15
11. Soy heredero de Dios, Romanos 8:17
12. Soy embajador de Cristo, 2 Corintios 5:20
Eres un hijo de Dios, no un jornalero
En Lucas 15:11-32 puedes leer la historia del hijo pródigo, el hijo que se fue de su casa rebelde y con la herencia del padre y regresó arrepentido, pero con el concepto equivocado de sí mismo. Usted ahora es como ese hijo que decidió regresar a la casa del Padre, pero debe aprender a no pensar de la manera que él lo hizo. Esta parábola muestra a un muchacho que se aleja de su padre y peca contra él; al reaccionar, se da cuenta que estaría mejor en casa de su padre, y decide regresar. Su culpa por haber pecado lo hizo creer que había perdido su posición de hijo; sin embargo, su padre lo esperaba e hizo todo lo posible para demostrarle que, aunque hubiese pecado, seguía siendo su hijo.
Muchas personas que vienen a Cristo creen que no son dignas de ser llamadas hijos de Dios, por los pecados que han cometido y la culpa que sienten en su corazón, pero la escritura dice que desde que lo recibieron en su corazón, tienen el derecho de ser llamados hijos, pues Él mismo los ha adoptado.
Así es nuestro Padre Celestial: aunque todos pecamos, hizo todo lo posible para reconciliarnos con Él, y envió a su Hijo para morir en nuestro lugar. Él dejó escrito lo que ahora significamos para él, para que vivamos como hijos y no como jornaleros. No importa cuántos pecados haya cometido, Él le ha perdonado; no debe sentirse culpable ante su Padre celestial de los pecados que cometió, sino siéntase libre y perdonado por un Dios que le ama grandemente. Usted es un hijo de Dios. Recuerde que el Espíritu Santo no engendra jornaleros, sólo hijos. Hoy puede creerle y recibir la gran cantidad de bendiciones que Él tiene para usted.

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