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- El alpinista
- 28/05/2007
- Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar el Everest inició su travesía, después de años de preparación, pero quería la gloria para él solo, por lo tanto subió sin compañeros.
Empezó a subir y se le fue haciendo tarde, y mas tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo, decidido a llegar a la cima. Le obscureció, la noche cayó con gran pesadez. En la altura de la montaña, ya no se podia ver absolutamente nada.
Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas eran cubiertas por las nubes.
Subiendo por un acantilado, a solo 100 metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires... Caía a una velocidad vertiginosa, solo podía ver veloces manchas cada vez más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y la terrible sensación de ser succionado por la gravedad.
Seguía cayendo... y en esos angustiantes momentos, pasaron por su mente todos sus gratos y no tan gratos momentos de la vida, pensaba que iba a morir, sin embargo, de repente sintió un tirón tan fuerte que casi lo parte en dos...
Si, como todo alpinista experimentado,había clavado estacas de seguridad, con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.
En esos momentos de quietud, suspendido por los aires, no le quedó más que gritar "AYUDAME DIOS MIO..."
De repente una voz grave y profunda de los cielos le contesto:
-"QUE QUIERES QUE HAGA HIJO MIO?"
-"Sálvame Dios mío"
-"REALMENTE CREES QUE TE PUEDA SALVAR?"
-"Por supuesto Señor"
-"ENTONCES CORTA LA CUERDA QUE TE SOSTIENE..."
Hubo un momento de silencio y quietud.
El hombre se aferró a la cuerda y reflexionó...
Cuenta el equipo de rescate que al otro día encontraron colgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a una cuerda... a tan solo dos metros del suelo...
¿Y nosotros? ¿Qué tan confiados estamos de nuestra cuerda? ¿Por qué no la soltamos?
- La vida del Buda
- 16/05/2007
- Buda vivió una vida de grandes lujos durante sus primeros dieciocho años; cualquier deseo que tuviera era satisfecho, cualquier placer que deseara era colmado pero el joven se sentía vacío y anhelaba un sentimiento de plenitud que el placer era incapaz de colmar.
De modo que Buda abandonó su vida principesca para buscar una plenitud más duradera.
Entonces Buda se fue al extremo opuesto, llevó una vida de privaciones pero después de seguir una austera vida durante seis años, la abandonó.
Su sed de paz interior no se saciaba ni con el extremo de los excesos ni con el de las privaciones.
Buda no osciló entre el extremo de los excesos y el de las privaciones; descubrió que ambos extremos eran un sendero doloroso e infructuoso.
Aunque vivió algunos momentos maravillosos, no colmaron completamente su deseo de paz y seguridad duraderas.
En vez de buscar en ninguna parte, Buda decidió seguir el Camino Medio y centrarse en el momento presente en lugar de buscar soluciones extremas en el exterior.
Dirigió su atención a su interior y examinó atentamente aquello que ocurría en su cuerpo y en su mente; centró su atención en lo que ocurría, pero sin reaccionar ante ello.
No se apegó a los goces ni rechazó las cosas desagradables. Observó cómo seguían su ciclo natural surgiendo y desapareciendo sin interferir en ello.
Lo que descubrió era sencillo y a la vez profundo. Cuando no se apegaba al placer ni rechazaba el dolor, veía que sus atacantes perdían su poder.
Así es como logró vencer esas fuerzas.
Al observar profundamente su interior, Buda liberó su mente de la tiranía del deseo.
Descubrió las vidas de desdicha que había creado con la falsa idea básica de que el placer puede durar y el dolor evitarse.
Nos lastimamos a nosotros y a los demás una y otra vez al aferrarnos a las cambiantes experiencias, como nuestro cuerpo y nuestras relaciones.
Es inevitable que experimentemos cierto sufrimiento, porque las pérdidas y los cambios forman parte de la vida de todos, pero mucho sufrimiento que padecemos es opcional.
Lo creamos al resistirnos al momento presente y no aceptar que todo cuanto existe está destinado a cambiar , nos guste o no.
En realidad no hay nada que deba causarnos atracción o rechazo.
Cuando observas atentamente cada momento, descubres que cosas tan opuestas como el placer y el dolor tienen sus ventajas y desventajas.
Buda comparó el Camino Medio a un tronco que se desliza flotando por un río. Una de las orillas representa los excesos y la otra las privaciones.
Mientras el tronco se desliza por el río, evita ambos extremos.
Si se queda atrapado en cualquiera de ellos, el tronco se hunde o se pudre; pero si sigue el Camino Medio, se desliza flotando por el río y alcanza el océano de la libertad.
Depende de cada uno reconocer esos extremos, igual que Buda lo hizo.
Observó y contempló lo que aparecía ante él, fuera lo que fuera. No se dejó seducir por los placeres ni se dejó traicionar por el dolor, porque se mantuvo centrado en el momento presente sin apegarse o aferrarse a nada. --
Ronna Kabatznic
- Una historia de amor imposible
- 15/05/2007
- Cuenta la leyenda que una joven mariposa -de cuerpo frágil y sensible-volaba cierta tarde jugando con el viento, cuando vió una estrella muy brillante, y se enamoró. Excitadísima, regresó inmediatamente a su casa, loca por contar a su madre que había descubierto lo que era el amor.
-¡Que tontería! - fué la fría respuesta que escuchó.- Las estrellas no fueron hechas para que las mariposas pudieran volar a su alrededor. Búscate un poste, o una pantalla, y enamórate de algo así. Para eso fuimos creadas.
Decepcionada, la mariposa decidió simplemente ignorar el comentario de la madre, y se permitió volver a alegrarse con su descubrimiento. "Que maravilla poder soñar", pensaba. La noche siguiente la estrella continuaba en el mismo lugar, y ella decidió que subiría hasta el cielo y volaría en torno a aquella luz radiante para demostrarle su amor.
Fue muy difícil sobrepasar la altura a la cual estaba acostumbrada, pero consiguió subir algunos metros por encima de su nivel de vuelo normal. Pensó que si cada día progresaba un poquito, terminaría llegando hasta la estrella. Así que se armó de paciencia y comenzó a intentar vencer la distancia que la separaba de su amor. Esperaba con ansiedad la llegada de la noche, y cuando veía los primeros rayos de la estrella, agitaba ansiosamente sus alas en dirección al firmamento.
Su madre estaba cada vez más furiosa:
-Estoy decepcionada con mi hija -decía. Todas sus hermanas, primas y sobrinas ya tienen lindas quemaduras en sus alas, provocadas por las lámparas. Solo el calor de una lámpara es capaz de entusiasmar el corazón de una mariposa: Deberías dejar de lado estos sueños inútiles y conseguir un amor posible de alcanzar.
La joven mariposa, irritada porque nadie respetaba lo que sentía, decidió irse de la casa. Pero en el fondo -como, por otra parte, siempre sucede - quedó marcada por las palabras de su madre, y consideró que ella tenía razón.
Así, durante algún tiempo, intento olvidar a la estrella y enamorarse de la luz de las pantallas de casas suntuosas, de las luces que mostraban los colores de cuadros magníficos, del fuego de las velas que quemaban en las más bellas catedrales del mundo. Pero su corazón no conseguía olvidar a la estrella, y despues de ver que la vida sin su verdadero amor no tenía sentido, resolvió reemprender su itinerario en dirección al cielo.
Noche tras noche intentaba volar lo más alto posible, pero cuando la mañana llegaba, estaba con el cuerpo helado y el alma sumergida en la tristeza. Entretanto, a medida que se iba haciendo mayor, pasó a prestar atención a todo cuanto veía a su alrededor. Desde allá arriba podía vislumbrar las ciudades llenas de luces, donde probablemente sus primas, hermanas y sobrinas, ya habrían encontrado un amor. Veía las montañas heladas, los océanos con olas gigantescas, las nubes que cambiaban de forma a cada minuto. La mariposa comenzó a amar cada vez más a su estrella, porque era ella la que la impulsaba a conocer un mundo tan rico y hermoso.
Pasó mucho tiempo y un buen día ella decidió volver a su casa. Fue entonces que supo por los vecinos que su madre, sus hermanas, primas y sobrinas, y todas las mariposas que había conocido, ya habían muerto quemadas en las lámparas y en las llmas de las velas, destruídas por un amor que juzgaban fácil.
La mariposa, aun cuando jamás haya conseguido llegar hasta su estrella, vivió muchos años aún, descubriendo cada noche cosas diferentes e interesantes. Y comprendiendo, que, a veces, los amores imposibles traen muchas alegrías y beneficios que aquellos que están al alcance de nuestras manos.
Paulo Coelho, publicado en la Revista Dominical del Diario "El Nacional", "TODO EN DOMINGO" el día 03 de marzo de 2002.
- ¿CÓMO ES TU CORAZÓN?
- 14/05/2007
- Aquel día un joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca. Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaba en él un solo rasguño. Todos concidieron que era el corazón más hermoso que hubieran visto.
Al verse admirado, el joven se sintió más orgulloso aún y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo lugar.
De pronto un anciano se acercó y dijo:
"¿Por qué dices eso, si tu corazón no es tan hermoso como el mío?".
Sorprendidos, la multitud y el jóven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos, y éstos habían sido reemplazados por otros que no correspondían, pues se veían bordes y aristas irregulares. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La mirada de la gente se sobrecogio, "¿cómo puede decir que su corazón es más hermoso?" pensaron.
El jóven contempló el corazón del anciano y al ver su estado se hechó a reir. "Debes estar bromeando" dijo, "comparar tu corazón con el mío... el mío es perfecto, en cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor".
"Es cierto" dijo el anciano, "tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo...
mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado, muchos a su vez me han obsequiado un trozo
del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque me recuerdan el amor que hemos compartido. Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi
corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio; de ahí quedaron los huecos.
Dar amor es arriesgado pero, a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando, y alimentan la esperanza de que algún día regresen y llenen el vacío que han dejado en mi
corazón. ¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?".
El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció.
El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez, arrancó un trozo del suyo, ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó pero no a la perfección.
Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.
El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.
Y ahora dime... ¿Cómo es tu corazón?...
- La estatua de Barro
- 12/05/2007
- En un pais, lejano existia una enorme estatua de Barro, La estatua de barro alcanzaba casi tres metros de altura. Durante generaciones había sido considerada sagrada por los habitantes del lugar.
Un día, debido al crecimiento de la ciudad, decidieron transladarla a un sitio más apropiado.
Esta delicada tarea le fue encomendada a un reconocido monje, quien, después de planificar detenidamente, comenzó su misión.
Fue tan mala su fortuna que, al mover la estatua, ésta se deslizó y cayó, agrietándose en varias partes.
Compungidos, el monje y su equipo decidieron pasar la noche meditando sobre las alternativas.
Fueron unas horas largas, oscuras y lluviosas.
El monje, en vez de desesperarse, se enfocó en encontrar una salida.
De repente, al observar la escultura resquebrajada, cayó en cuenta que la luz de su vela se reflejaba a través de las grietas de la estatua.
Pensó que eran las gotas de lluvia.
Se acercó a la grieta y observó que detrás del barro había algo, pero no estaba seguro qué.
Lo consultó con sus colegas y decidió tomar un riesgo que parecía una locura:
Pidió un martillo y comenzó a romper el barro, descubriendo que debajo se escondía una estatua de oro sólido de casi tres metros de altura.
Durante siglos este hermoso tesoro había sido cubierto por el ordinario barro.
Los historiadores hallaron pruebas que demostraban que, en una época, el pueblo iba a ser atacado por bandidos.
Los pobladores, para proteger su tesoro, lo cubrieron con barro para que pareciera común y ordinario.
El pueblo fue atacado y saqueado, pero la estatua fue ignorada por los bandidos.
Después, los sobrevivientes pensaron que era mejor seguir ocultándolo detrás del barro.
Con el tiempo, la gente comenzó a pensar que la estatua de Oro era una leyenda o un invento de los viejos.
Hasta que, finalmente, todos olvidaron el verdadero tesoro porque pensaron que algo tan hermoso no podía ser cierto.
Nuestros tesoros son nuestra capacidad de dar, disfrutar, agradecer, reír; de perdonar, de soñar en grande, de pasar por encima de las pequeñeces y de valorar en uno mismo y en otros lo que verdaderamente es importante.
Arriésgate a ver tu vida a través del barro y te darás cuenta de que eres un tesoro rodeado de riquezas.

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